No dar las cosas por sentadas

Who made up all the rules?
We follow them like fools,
Believe them to be true,
Don’t care to think them through

And I’m sorry, so sorry
I’m sorry it’s like this
I’m sorry, so sorry
I’m sorry we do this

And it’s ironic too
‘Cause what we tend to do
Is act on what they say
And then it is that way

And I’m sorry, so sorry
I’m sorry it’s like this
I’m sorry, so sorry
I’m sorry we do this

Who are they?
Where are they?
How can they possibly
Know all this?
Who are they?
Where are they?
How can they possibly
Know all this?

Do you see what I see?
Why do we live like this?
Is it because it’s true
That ignorance is bliss?

Who are they?
Where are they?
How do they
Know all this?
And I’m sorry, so sorry
I’m sorry it’s like this

Do you see what I see?
Why do we live like this?
Is it because it’s true
That ignorance is bliss?

And who are they?
Where are they?
How can they

Know all this?
And I’m sorry, so sorry
I’m sorry we do this

“¿Quién inventó todas las reglas? Las seguimos como tontos. Creemos que son ciertas, no nos interesa pensarlas a profundidad.” Así empieza la canción con la que decido acompañar el post de esta semana. Y no me refiero únicamente a las reglas escritas en la ley, sino a todas las convenciones sociales que damos por hechas, sin molestarnos en intentar entender de dónde surgieron o por qué son así. Para eso usaré el ejemplo del género y de la tecnología.

¿Las mujeres son de Venus y los hombres de Marte? Quizás la respuesta es que sí (y hasta hay un best seller rondando por ahí que tiene ese título). Lo que no nos debe importar es si hay diferencias biológicas entre un hombre y una mujer (que no se necesita tener un doctorado en ciencias biológicas para conocer la respuesta de esta pregunta), sino en qué diferencias son establecidas por la sociedad y cómo identificarlas. Los hombres tienen pene y las mujeres tienen vagina, eso nos queda en claro (Aunque esto tampoco es definitivo, no por nada hablamos de la intersexualidad la semana pasada), pero ¿el azul es de niños y el rosa es de niñas? ¿el niño que llora es una “mariquita” y la niña que juega con carritos de juguete es una “marimacha”? No hay nada en nuestro genoma que establezca estas cosas, sino que más bien se tratan de construcciones  – o convenciones – sociales que se van creando a través del tiempo en las sociedades.

Estas cuestiones son tan cambiantes que apenas hace 100 años esto era al revés, el rosa era el color de los hombres y el azul el de las mujeres. Sin embargo, hoy en día está muy establecido que el color de las niñas es el rosa y que tienen que jugar con muñecas, y que el de los niños es el azul y que tienen que jugar con autos y figuras de acción (que no es otra cosa que una muñeca para hombres, pero como las muñecas son de “niñas”, pues no se puede llamar así). Así, podemos encontrar que en esta convención social sobre los roles de niños y niñas están presentes los cinco puntos de Geertz sobre el sentido común, por lo que está bien enraizado en la sociedad y no es fácil darnos cuenta de las restricciones que imponen a los niños en su día a día. Recuerdo que cuando tenía seis años una vez jugué a las barbies con una amiga y un vecinito me dijo que yo era una niña por eso; ah, pero cuando jugaba con mis Max Steel nadie decía nada.

Con la tecnología sucede algo curioso, damos por sentado que el mayor acceso a internet nos beneficia y no trae ningún mal. Hoy en día vivimos en una en donde, como dice Joseph Nye, pasamos de tener que buscar información a tener que saber filtrar información. Páginas como Wikipedia han creado una revolución en la forma de consultar – y generar – información: pasamos de las enciclopedias de papel que eran escritas por unos pocos expertos en la materia a pasar a una gigantesca red de colaboradores, donde todo el mundo puede editar, a lo largo del mundo. En palabras del propio fundador de Wikipedia, Jimmy Wales, este modo de trabajar se basa en la idea del orden espontáneo de Friedrich Hayek. Sin embargo, un efecto quizás no previsto del internet es que, de acuerdo a autores como Nicholas Carr, está modificando para mal la manera en la que funciona nuestro cerebro, acostumbrándolo a obtener información rápida y sintetizada. Es algo en lo que estoy de acuerdo porque me pasa a mi también, hay veces que estoy leyendo un libro de papel que inconscientemente el botón de buscar palabras, o cuando estoy viendo una película en el cine quiero mover el cursor para ver cuántos minutos faltan de película. Como también sugiere Vargas Llosa, tampoco se trata de satanizar al internet, sino se ser conscientes del cambio que está ocurriendo en la manera en la que conocemos y procesamos este conocimiento, es decir, en nuestra epistemología como especie.

Como estos ejemplos hay muchos. No tenemos que tener miedo y creer que este mundo no tiene sentido, sino de poder estar conscientes de las construcciones sociales y de las maneras de generar y recibir conocimiento para poder tener una perspectiva más crítica.

XXY, la intersexualidad llevada al cine

18964288

18964288

La semana pasada hablé sobre el sentido común como sistema cultural, poniendo el ejemplo de la intersexualidad. Pues bien, como el cine no sólo sirve para divertirnos sino también para conocer otras realidades hoy vengo a hablar de una buena película que ejemplifica muy bien la situación que viven las personas intersexuales en nuestra sociedad: XXY de la argentina Lucía Puenzo.

Atención, puede que se me salga uno que otro “spoiler” de la película.

Sigue leyendo

El sentido común como sistema cultural

Podemos desconfiar de muchas cosas, pero si hay algo que damos por sentado de ser una verdad objetiva e inmutable, ese es el sentido común. Incluso es muy normal escuchar la frase de que el sentido común es el sentido menos común de todos. ¿De verdad el sentido común es objetivo y universal? Clifford Geertz nos hace reconsiderar esto mediante una aproximación a distintas culturas.

Tras observar la manera de actuar de varias culturas – y haciendo un énfasis en los estadounidenses, los navajos y una etnia keniata – Geertz llega a la conclusión de que el sentido común es también una construcción social. Para esto, utiliza un hecho, la intersexualidad o hermafroditismo, para ver la manera en la que cada una de estas culturas reacciona a esta dependiendo de su “sentido común”. La respuesta es que cada cultura tiene un “sentido común” distinto hacia este mismo hecho.

Los estadounidenses ven a los hermafroditas como seres innaturales que incluso infunden terror, que deben ser tratados psicológica y médicamente para que puedan adoptar el rol de un hombre o de una mujer. El pueblo navajo, por su parte, considera que tener genitales masculinos y femeninos es una bendición y se les da a los hermafroditas un lugar privilegiado dentro de la sociedad. Los pokot de Kenia condenan a los intersexuales al ostracismo, si es que no los matan después de su nacimiento como a cualquier otro bebé con “problemas” físicos. La diferencia entre los pokot y los estadounidenses es que los primeros sí ven a la intersexualidad como algo natural, pero que al final de cuentas no es deseable porque no brinda beneficios sociales.

Así, vemos que hablar de sentido común no es otra cosa que hablar de un constructo social de aquello que colectivamente consideramos que es normal o no, y de igual manera este sentido común puede moldear las pautas de comportamiento. Esto último me parece importante sobre todo cuando se ve el choque de culturas en un mismo espacio geográfico, como sucede en el sur de Estados Unidos, donde reside una gran población de origen hispánico. Mientras que para un hispano lo más común es privilegiar sus intereses personales sobre una ley que a lo mejor no tiene mucho sentido (y por eso llama “gringo pendejo” al estadounidense que maneja lento por el límite de velocidad), un estadounidense podría pensar que lo común y sensato es respetar las normas viales porque por algo están establecidas (y por eso llama “mexicano salvaje” al hispano que supera el límite de velocidad).

Los retos de la relación México-Canadá para la nueva administración

Bandera de Canadá

A pesar de tener relaciones diplomáticas con Canadá desde 1944, las relaciones con este país empezaron reapuntar desde finales de la década de los 80s, y tomaron fuerza a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994.

Desde la entrada en vigor del TLCAN, no sólo han aumentado los lazos comerciales entre México y Canadá, también han tomado lugar otros fenómenos que nos hacen acercarnos más a este país: alianzas entre unidades subnacionales, creación de institutos de investigación, programas de intercambio estudiantiles, programas temporales de trabajo, reuniones entre los representantes de gobierno, etc. Así, a casi 70 años del inicio de relaciones diplomáticas, México y Canadá están más cerca que nunca.

Sin embargo, no todo ha sido miel y gloria, los gobiernos de México y Canadá han tenido sus discrepancias en el pasado. El gobierno canadiense mostró su escepticismo a la propuesta de Vicente Fox de una mayor cooperación entre ambas naciones a través del “NAFTA Plus”, y las altas solicitudes de refugio por parte de mexicanos obligaron a Canadá a imponer el visado a México en 2009, durante la administración de Felipe Calderón.

Bajo este contexto, la administración entrante de Enrique Peña Nieto se enfrentará a una serie de retos que atender para hacer de la relación con este socio estratégico una aún más fuerte y dinámica, que sirva como paradigma en el proceso de unión de Norte América.

En este ensayo mostraremos una serie de temas que deben ser prioritarios para la nueva administración en la relación México-Canadá, con el objetivo de enmendar errores del pasado y al mismo tiempo tener soluciones creativas para los retos que enfrenta la región Norteamérica en su conjunto.

Para ver el ensayo completo, haz click aquí

Literatura africana

Antes de escribir cualquier cosa sobra la literatura, cabría definir qué es la literatura. De acuerdo a la Real Academia Española, literatura es:

“Arte que emplea como medio de expresión una lengua.”

Es difícil hablar de literatura africana partiendo con la concepción de literatura occidental. África es un continente donde por mucho tiempo no se tuvo una escritura en la mayor parte de su territorio, y es por esto que en el África precolonial se tuviera una literatura oral muy rica.

Con la llegada del europeo, el africano se ve inmiscuido en la forma de pensar occidental, que crea un sincretismo con las tradiciones autóctonas y da lugar a un nuevo estilo de escritura.

En este trabajo se buscará mostrar cómo la literatura, ya sea en su forma oral o escrita, logra mostrar la realidad de la sociedad africana y cómo, especialmente la literatura escrita, puede utilizarse también para gestar cambios políticos.

Para ver el ensayo completo, haz click aquí.